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EL HIDRÓGENO Y OTROS GASES RENOVABLES

El gas natural ha sido uno de los principales impulsores de la rápida substitución en la Unión Europea (UE) del carbón como combustible y está siendo un respaldo importante para la intermitente generación renovable de electricidad. A su vez, la industria gasista tanto a nivel europeo como nacional, está preparando su descarbonización y su transición hacia los llamados “gases renovables”, el biogas y biometano así como el hidrógeno, los cuales no hay duda que desempeñarán en el futuro un papel más importante en el sistema energético de la UE.

En los últimos meses el hidrógeno, considerado el vector idóneo para conseguir los objetivos de descarbonización del sector  energético, está presente en la mayoría los debates sobre transición energética tanto a nivel europeo como nacional. Precisamente la Comisión Europea publicó el pasado 26 de Mayo una consulta pública sobre su hoja de ruta para la estrategia de hidrógeno de la UE, estrategia que está previsto se publique el próximo 24 de Junio junto con la estrategia de la UE para una integración sectorial inteligente.

La Comisión Europea considera que “el hidrógeno limpio” será esencial para ayudar a reducir las emisiones de C02 de una forma económicamente eficiente y poder alcanzar la neutralidad climática en el 2050, en línea con el Pacto Verde Europeo (European Green Deal). A más corto plazo, el hidrógeno junto con los otros gases renovables contribuirá a cumplir los ambiciosos objetivos de reducción de emisiones de C02 en un 50-55% en el 2030, anunciados por la Comisión en su Propuesta de Ley Europea del Clima en Marzo de este año. Asimismo, el hidrógeno y los gases renovables también deberían ayudar a la recuperación de la UE del impacto económico sufrido por el COVID-19.

La estrategia europea del hidrógeno pretende ser un impulso del “hidrógeno limpio” ya que actualmente de los 9.8 millones de toneladas de producción de hidrógeno en la UE, sólo el 4% es renovable. Según señaló la Comisaria de Energía Kadri Simson en su reciente comparecencia ante el Comité de Industria y Energía del Parlamento Europeo (ITRE), la Comisión estudiará cómo reforzar e impulsar la producción competitiva y el uso innovador del hidrógeno “limpio” y las infraestructuras necesarias para su integración así cómo acelerar su investigación para reforzar el liderazgo industrial de la UE en el desarrollo de esta tecnología.

La Comisión al igual que un gran número de Estados Miembros, entre ellos España, creen que el hidrógeno “limpio” -producido a través de la electrólisis del agua utilizando electricidad renovable-, desempeñará un papel clave en la descarbonización de sectores en los que la electrificación u otras alternativas podrían no ser factibles o ser más caras, cómo es el caso del trasporte pesado y de largo alcance o el de los procesos industriales intensivos en energía. También el hidrógeno puede proporcionar almacenamiento a largo plazo y flexibilidad al sistema energético. El hidrógeno renovable tiene la capacidad de contribuir a la integración de la generación de electricidad renovable al “desacoplar” la producción de energía del uso, tanto en la ubicación como en el tiempo.

Un gran reto que plantea el hidrógeno es la logística y por ello el desarrollo de infraestructuras para el transporte de hidrógeno será también clave para su implementación y desarrollo ya que el coste de su transporte es hoy muy alto en relación con los costes de su producción. Hay que tener en cuenta que el hidrógeno tiene que producirse en aquellas zonas con mejores condiciones para estas tecnologías (ejemplo: PV en el sur de Europa, eólica off-shore en el Norte de Europa) y de allí transportarse a los puntos de consumo. La reutilización de las redes de gas hoy existentes para el transporte de energía limpia en la forma de hidrógeno puede ser una oportunidad.  Una posibilidad es que a corto plazo su producción debería hacerse cerca del punto de consumo para hacerlo técnicamente más viable sin descartar a medio y largo plazo su inyección en red.

España se ha adelantado a la UE y ya el pasado 8 de abril de 2020 el Ministerio para la Transición Ecológica abrió una consulta pública sobre “la hoja de ruta de hidrógeno renovable en España” con el fin de guiar su desarrollo e implantación, identificar las posibles barreras, proponer medidas regulatorias y favorecer la inversión.

El vecino Portugal, algo más adelantado aprobó el pasado 25 de mayo su estrategia para el hidrógeno que viene acompañada de una inversión de 7 mil millones de euros. Alemania presentó en febrero de este año su proyecto de estrategia de hidrógeno, una apuesta fuerte para fomentar el uso del hidrógeno obtenido a partir de fuentes renovables, con el objetivo de que al menos el 20% del hidrógeno de Alemania se produzca a partir de energías renovables en el año 2030, lo que incluye la construcción de tres a cinco GW de electrolizadores; la estrategia prevé una inversión de 300 millones de euros exclusivamente en proyectos de investigación así como planes para crear una red de hidrógeno puro. Se espera que Alemania utilice su Presidencia del Consejo de la UE a partir del próximo 1 de Julio para impulsar la anunciada estrategia de hidrógeno a nivel europeo.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) dedica su medida 1.8 al fomento de los gases renovables, principalmente pero no exclusivamente, el biogás, el biometano y el hidrógeno de origen renovable. Al igual que la Comisión Europea, el Gobierno considera que los gases renovables constituyen uno de los vectores energéticos que puede emplearse tanto para la generación de electricidad como para cubrir la demanda en procesos industriales de alta temperatura y, también, en el transporte pesado. También el Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética remitido a las Cortes el pasado 19 de mayo, continua en su artículo 10 en la misma línea de fomentar mediante la aprobación de planes específicos la penetración de los gases renovable y se prevén como posibles medidas la fijación de objetivos anuales de penetración de los gases renovables en la venta o consumo de gas natural y regulaciones que favorezcan la inyección de dichos gases renovables en la red de gas natural.

El gas renovable ofrece un abanico de posibilidades y oportunidades, es inyectable en red y perfectamente utilizable por los aparatos que consumen gas. Entre las aplicaciones del uso final del hidrógeno destacamos aquellas áreas de la industria y el transporte en las que la electricidad difícilmente podrá jugar un papel importante:

  • Hidrógeno como combustible en la aviación, transporte marítimo, trenes y transporte rodado pesado, ya sea como hidrógeno o como combustible renovable a base de hidrógeno
  • Hidrógeno en la industria química, del acero, cemento y fertilizantes
  • Hidrógeno en el sector eléctrico: almacenamiento de energía eléctrica a gran escala y estacional, aplicaciones en la cogeneración y turbinas
  • Hidrógeno en el sector de la calefacción: cogeneración, aparatos de hidrógeno, calor industrial

En resumen, varias son la señales legislativas tanto en Europa como en España de que los gases renovables van a ser un vector importante para una transición energética limpia y verde, que en estos momentos en los que estamos inmersos ante la crisis sanitaria tiene que ser un motor de recuperación en línea con el “European Green Deal».

Carmen Gimeno

Socia Verdia Legal

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LEY EUROPEA DEL CLIMA

El 4 de marzo pasado, la Comisión Europea presentó su propuesta de Ley Europea del Clima «Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo por el que se establece el marco jurídico para lograr la neutralidad climática y se modifica el Reglamento para la Gobernanza de la Unión de la Energía (UE) 2018/1999«, que será vinculante y directamente aplicable a todos los Estados miembros el vigésimo día siguiente a su publicación, una vez el Reglamento sea aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo. Ésta es la primera ley europea sobre clima.

Tras la publicación del “Pacto Verde Europeo” -“European Green Deal”-por parte de la Comisión el 11 de Diciembre de 2019, la Comisión mantiene que la lucha contra el cambio climático es un reto y que, dado que el cambio climático es un desafío transfronterizo, se necesita una acción coordinada a nivel de la Unión para complementar y reforzar efectivamente las políticas nacionales y  lograr la neutralidad climática en la Unión Europea en el año 2050. Hay que tener en cuenta, que entre el año 1990 y el 2018 las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeron un 23%, mientras que la economía experimentó un crecimiento del 61%. Con las políticas actuales la previsión de reducción de emisiones sería del 60% en el año 2050, por lo que según la Comisión todavía son necesarias más acciones en todos los sectores de la economía para alcanzar el objetivo de neutralidad climática.

Para esta primera ley europea del clima, la Comisión ha escogido la forma de un Reglamento puesto que es el tipo de norma que se ajusta mejor al cumplimiento del objetivo que se persigue, al garantizarse la directa aplicabilidad de sus preceptos. El Reglamento establece obligaciones para los Estados Miembros, la propia Comisión (evaluaciones, informes, recomendaciones, medidas adicionales y revisiones) así como para la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Esencialmente, esta norma establece un objetivo vinculante a nivel de la Unión Europea de neutralidad climática para el año 2050, con el fin de mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de 2ºC y realizar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura más allá de 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales, cumpliendo así con los objetivos del Acuerdo de París.

De acuerdo con el artículo 2 del Reglamento propuesto el objetivo vinculante de neutralidad climática, cubre todos los sectores y todos los gases de efecto invernadero – no sólo C02- y permite a la Comisión llevar a cabo una evaluación del impacto que supondría aumentar el objetivo actual acordado por la Unión para el año 2030 de un 40% de reducción de emisiones, a como mínimo el 50% o incluso hasta el 55%, comparado con los niveles de 1990. Este análisis se realizará antes del 30 de Septiembre próximo y tendrá en consideración el análisis que la Comisión realice de los Planes de Energía y Clima presentados por los Estado Miembros. Si del análisis resulta que es necesario modificar el objetivo actual de reducción de emisiones para el año 2030, la Comisión lo comunicará al Parlamento europeo y al Consejo.

Asimismo y antes del 30 de junio del 2021, la Comisión evaluará si la legislación europea que contribuye a la implementación del objetivo de reducción de emisiones para el año 2030, debería modificarse para lograr el objetivo de neutralidad climática.

Para el período 2030 a 2050, se faculta a la Comisión a adoptar los actos delegados necesarios para complementar el presente Reglamento, estableciendo una hoja de ruta para alcanzar el objetivo de neutralidad climática en el año 2050, teniendo en cuenta lo siguiente: rentabilidad y eficiencia económica, competitividad de la economía de la Unión, la mejor tecnología disponible, la eficiencia energética, el acceso de todos a la energía  y la seguridad del suministro, la equidad y la solidaridad entre los Estados miembros, necesidades en inversiones y que sea una transición justa para todos.

De conformidad con los artículos 5 y 6 de la propuesta de Reglamento, antes del 30 de septiembre del 2023, y posteriormente cada 5 años, la Comisión evaluará el progreso colectivo realizado por los Estados miembros y, si es necesario, tomará medidas para garantizar el progreso requerido hacia el logro del objetivo de neutralidad climática. La Comisión también evaluará la coherencia de las medidas nacionales de los Planes nacionales de energía y clima (PNIEC) y los informes bienales de progreso presentados por los Estados miembros y, de ser necesario, emitirá recomendaciones a quienes presenten medidas inconsistentes.

También la propuesta de Reglamento introduce modificaciones con respecto al Reglamento para la gobernanza de la Unión de la Energía (UE) 2018/1999, recientemente aprobado dentro del Paquete de Energía Limpia (Clean Energy Package),  que consisten en agregar el objetivo de neutralidad climática para 2050 como objetivo final a los diálogos multinivel sobre clima y energía que tienen lugar en cada Estado Miembro, a nivel de autoridades locales, sociedad civil, inversores y otros interlocutores relevantes.

Aunque la Unión Europea contribuye tan solo al 10% de las emisiones de efecto invernadero globales y que se necesita de la acción global de todos en la lucha contra el cambio climático, Europa quiere seguir liderando la transición global hacia la neutralidad climática.

Junto con la Ley del Clima, la Comisión también lanzó la convocatoria de tres consultas públicas: i) consulta pública sobre el pacto europeo sobre el clima ii) consulta sobre el mecanismo de ajuste en frontera del CO2 iii) consulta sobre la hoja de ruta para la revisión de la Directiva sobre fiscalidad de la energía.

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